El árbol que marca una nueva era geológica planetaria
La pícea de Sitka es un árbol originario de América del Norte, más precisamente de Alaska. Pese a ello, su ejemplar más conocido se encuentra muy lejos de allí. Se trata de una Picea sitchensis –su nombre científico- ubicada en las Islas Campbell, territorio neozelandés deshabitado que albergan al denominado árbol más solitario del mundo, ya su vecino más cercano se encuentra a 200 kilómetros de distancia.
Más alla de su popular soledad, esta centenaria pícea de Sitka ha vuelto a hacer noticia debido a que ha sido señalada por investigadores como la señal que se estaba buscando para marcar del Antropoceno, una nueva era geológica que se caracteriza por la enorme influencia humana que ha generado cambios profundos y prácticamente irreversibles en el planeta.
¿Qué es un clavo dorado?
En geología, un clavo dorado es un hito que define el paso desde una era a otra dentro de la historia de la Tierra que, en este caso, señala el cambio de era desde el Holoceno al Antropoceno que, entonces, estaría determinada por este centenario árbol neozelandés.
Para ello, los investigadores -provenientes de una serie de instituciones alrededor del mundo- determinó que en los anillos de este árbol ya mencionado se guarda la huella que la radiactividad derivada de las pruebas nucleares de mediados del siglo XX, hecho que es sumamente relevante si consideramos que la mayoría de ellas fue realizada en el hemisferio norte, a miles de kilómetros de la pícea de Sitka en cuestión. Para ser más exactos, los científicos señalaron que el apogeo de esta actividad humana tuvo ocasión en el último trimestre del año 1965, por lo que consideran que este sería el momento en el que el hombre comenzó a generar cambios casi irreversibles sobre la superficie del planeta.
Ahora bien, este hecho apunta al mayor número de estas acciones, y no significa que ellas se hayan dado inicio recién en dicho momento, puesto que las modificaciones planetarias por parte del hombre pueden ser consideradas a partir del periodo de la revolución industrial, ya que allí se gestaron una serie de descubrimientos -como la máquina a vapor- que aumentaron la producción de elementos nocivos para la Tierra, como los gases de efecto invernadero que en la actualidad producen gran parte del cambio climático asociado a actividades antrópicas.
¿Existen otros clavos dorados en el mundo?
La respuesta a esta pregunta es sí. Pese a que no suele existir acuerdo inmediato entre los investigadores alrededor del mundo para determinar de manera inmediata cuáles son los hitos marcados en elementos de la Tierra que marcan esos cambios de era, los estudios han ido acortando esta brecha, por lo que se puede afirmar casi con total seguridad la existencia de varios de ellos además de la ya señalada pícea de Sitka de las Islas Campbell.
De hecho, actualmente existen aproximadamente 64 clavos dorados repartidos por todo el mundo. La mayoría de ellos -como señala el geólogo Óscar Ercilla- se encuentran en el hemisferio norte, excepto dos. Además de la pícea de Sitka, se trata de otro ubicado en Australia, más específicamente en las colinas de Ediacara, sitio que le otorga su nombre a este periodo, delimitando el paso desde el periodo Cambrido, precisamente, al Ediacárico.



