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El Contundente Triunfo de José Antonio Kast: Un Giro Histórico Hacia la Cordura y el Orden en Chile

La segunda vuelta presidencial del 14 de diciembre de 2025 ha marcado un hito en la historia reciente de Chile….

La segunda vuelta presidencial del 14 de diciembre de 2025 ha marcado un hito en la historia reciente de Chile. José Antonio Kast, candidato del Partido Republicano, obtuvo un triunfo arrollador con el 58,16% de los votos, frente al 41,84% de su contrincante, según los resultados oficiales con el 99,9% de las mesas escrutadas.

Por: Gonzalo Ramírez Barros

Miércoles 17-12-2025   11:30

Esta victoria representa el mayor margen en una segunda vuelta desde el retorno a la democracia en 1990 y supone un giro de 180 grados en la dirección del país, colocándolo nuevamente en el camino del orden, la seguridad, la familia y la libertad económica, del que nunca debió desviarse. 

El mundo ha reaccionado con rapidez y entusiasmo ante este resultado. Felicitaciones llegaron de inmediato de líderes globales clave: el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, a través de su secretario de Estado Marco Rubio; el magnate Elon Musk; la primera ministra italiana Giorgia Meloni; el primer ministro húngaro Viktor Orbán; y, por supuesto, el presidente argentino Javier Milei, quien celebró el “aplastante triunfo” como un avance en la defensa de la vida, la libertad y la propiedad privada. También se sumaron Daniel Noboa de Ecuador y otros mandatarios conservadores de la región. En los próximos meses, se esperan visitas formales a vecinos como Argentina, para fortalecer un eje de estabilidad y sentido común en América Latina. 

Este triunfo señala el retroceso definitivo del progresismo radical, el “wokismo” importado y aquellos pensamientos revolucionarios “antis” –anti familia, anti capitalismo, anti orden– que han generado división y caos en los últimos años.

Los chilenos han optado por la vuelta a la cordura, al buen senso, al respeto por los valores tradicionales y a políticas que priorizan la seguridad ciudadana y el crecimiento económico real. No es casualidad que esta ola conservadora se extienda por el continente: gobiernos de izquierda como los de Venezuela, Cuba y Brasil pierden cada vez más espacio y credibilidad, sumidos en crisis económicas, corrupción y pérdida de apoyo popular. En contraste, países como Argentina bajo Javier Milei, Perú, Ecuador y ahora Chile comienzan a ser vistos con optimismo tanto por Estados Unidos –con el retorno de Trump– como por Europa, que valoran socios estables, responsables y alineados con la libertad económica. 

Para ilustrar el camino posible, basta mirar los resultados concretos del gobierno de Javier Milei en Argentina. Heredó una economía devastada: inflación anual cercana al 300%, déficit fiscal crónico y pobreza por encima del 50%. En apenas dos años, ha logrado reducir la inflación mensual a niveles del 2-3%, alcanzar superávit fiscal por primera vez en décadas (pasando de un déficit del 5-6% del PIB a un superávit del 1%), impulsar un crecimiento del PIB del orden del 5-7% en 2025 y bajar la pobreza del pico del 53-55% a alrededor del 30-32%, la cifra más baja desde 2018. Todo esto mediante recortes drásticos en gasto público innecesario, eliminación de ministerios redundantes, desregulación y eficiencia en el uso de los recursos fiscales. Argentina demuestra que el orden en la casa es posible y rentable. 

Chile enfrenta un desafío similar, aunque guardando las debidas proporciones, dado que partimos de una situación macroeconómica más estable, pero con un gasto público que se ha inflado progresivamente en los últimos años debido a una burocracia excesiva, ministerios duplicados –actualmente 25 en total, tras la creación reciente del de Seguridad Pública– y programas clientelistas que asfixian la economía y generan ineficiencias estimadas en hasta un 1,8% del PIB según estudios del Banco Interamericano de Desarrollo. El presupuesto para 2025 ronda los 93.000 millones de dólares, representando cerca del 27% del PIB, una cifra elevada que limita el espacio para inversiones productivas y contribuye a un déficit estructural persistente. 


Un corte drástico en el gasto, entre 6.000 y 10.000 millones de dólares –equivalente a varios puntos del PIB–, resulta imprescindible para ordenar las finanzas nacionales y liberar recursos hacia prioridades reales. Esto implica reducir ministerios redundantes, eliminar subsidios ineficientes y clientelistas, priorizar inversiones en seguridad ciudadana y educación de calidad, y garantizar un gasto eficiente de las arcas fiscales, enfocándose en resultados medibles y no en estructuras infladas. Solo así se liberarán recursos para combatir efectivamente la delincuencia, fortalecer la familia como pilar social y generar empleo genuino en el sector privado, sin depender de un Estado hipertrofiado que distorsiona la economía y desalienta la iniciativa individual.

 

Al igual que en Argentina, esta será una decisión difícil, seguramente muy criticada por la contraparte política y por sectores beneficiados del statu quo, que verán amenazados sus privilegios. Habrá resistencias, protestas y un debate intenso, como ocurrió con los ajustes iniciales de Milei, que generaron recesión temporal y críticas feroces. Sin embargo, deberá ser tomada con la cabeza fría, con firmeza y visión de largo plazo, priorizando el bien mayor de Chile: una economía sana, sostenible y próspera que beneficie a todas las generaciones. Los frutos, como se ha visto en el caso argentino –donde el sacrificio inicial dio paso a crecimiento, desinflación y reducción de la pobreza–, llegarán con el tiempo, consolidando un modelo de responsabilidad fiscal que atraiga inversión, genere empleo de calidad y restaure la confianza interna y externa. 

La derrota del progresismo en estas elecciones ha sido tan clara que tardará años en rearmarse. Este período ofrece una ventana única a la derecha y al centro político para forjar un nuevo conglomerado sólido, unido por principios de libertad económica, responsabilidad fiscal y valores compartidos. Con políticas coherentes –facilitando la creación de empresas, reduciendo burocracia y premiando la innovación–, Chile puede recuperar los niveles de crecimiento anual del 5% al 7% que históricamente le correspondieron como nación próspera y ordenada. Es el momento de consolidar este triunfo en un proyecto nacional duradero, que devuelva a Chile su lugar como líder regional en estabilidad y desarrollo.

Este 14 de diciembre, la democracia chilena ha hablado con fuerza. Ahora corresponde actuar con responsabilidad para construir el país que merecemos: seguro, próspero y fiel a sus raíces.


Gonzalo Ramírez Barros

Ing. Comercial y MBA (FGV)

Experto en mercados latinoamericanos y análisis de políticas económicas



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